Por Sixto Javier Pérez
Nos encontramos en pleno verano, momento para descansar, ir a la playa, a la piscina, viajar y como no puede ser de otra manera ¡Ir al CINE! Por ello las grandes productoras se frotan las manos y luchan por ocupar las mejores fechas de las vacaciones veraniegas, para así estrenar el cine palomitero, ese en el que apenas tenemos que pesar, tan solo dejarnos llevar por las fantásticas imágenes y con unos actores de lujo que a penas dicen nada interesante. Ahora es el turno de La Leyenda de Tarzán, cinta dirigida por David Yates, responsable de las cuatro últimas entregas de Harry Potter y de la esperada Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Estreno: noviembre 2016)
Esta vez no se centra en la historia de Tarzán que tantas veces hemos visto, se trata de una secuela, situándola años más tarde desde que Tarzán (Alexander Skarsgård) abandonara la jungla. Ahora lleva una vida aburguesada como John Clayton III, Lord Greystoke. Sorprende ver a Tarzán vestido como un príncipe, pero he de reconocer que me gusta la idea, ya que le da un cambio interesante al personaje y a la historia. Evidentemente no está solo, su Jane (Margot Robbie) jamás lo abandonaría. Pero un día le ofrecen el cargo de embajador en el Congo. ¿Será buena idea ir?
Con esta película me ha pasado algo curioso: me ha aburrido y entretenido a partes iguales. En los momentos de drama me ha llegado a cansar, pero ojo, la película requiere de una parte dramática, ya que no es cuestión de estar viendo todo el rato al hombre de la selva corriendo con los gorilas. El problema está en el ritmo de estos momentos ya que le cuesta avanzar y conseguir enganchar. En cambio en los momentos de acción han logrado que no despegue la vista de la pantalla.
Su inicio es demasiado lento, esto se debe a que recurren a una serie de flashback sobre el origen de Tarzán. Y como esto ya lo hemos visto tantas veces, aburre. En mi opinión este recordatorio es totalmente innecesario. ¿No nos querían ofrecer una historia nueva? Pues parece que no, se trata de una excusa para vendernos el producto como algo novedoso, que lo es, pero no del todo. Su argumento resulta simplón y pretende abarcar muchos temas sin profundizar ninguno de ellos, como por ejemplo el tráfico de diamantes y la esclavitud.

Los efectos visuales se dejan ver, logrando una estética hermosa, pero sintiéndolo mucho, no logran superar al Libro de la Selva (2016). En esta ocasión, el exceso de dichos efectos terminan notándose en determinados aspectos, consiguiendo que a veces sea demasiado irreal. Esto sucede con algunos animales y paisajes. Y ya ni les cuento cuando Tarzán salta por las lianas…. ¡Parece un videojuego! Tanto la fotografía de Henry Braham, como la música de Hans Zimmer son espectaculares. Estoy convencido que estos apartados no les defraudarán.
El encargado de encarnar a Tarzán es Alexander Skarsgård (de la serie True Blood). Tanto su físico como su personalidad consiguen que nos creamos que él es el mítico personaje, aunque en los momentos dramáticos falla su poca expresividad, pero creo que esto no es problema del actor, sino del guión. En las escenas de acción nos demuestra lo bien preparado que está físicamente, pero destaca aún más cuando está junto a Margot Robbie, quien interpreta a Jane. En esta ocasión ella es guerrera y valiente (Cómo se nota que se acerca Wonder Woman), pero a medida que avanza el film dicho personaje vuelve a caer en los tópicos que tantas veces hemos visto, quedando relegada a un segundo plano. He de reconocer que la actriz me sorprendió enormemente en El Lobo de Wall Street, puede que por su belleza, pero lo cierto es que desde entonces su fama no ha hecho más que crecer. Próximamente la podremos ver en Suicide Squad (encarnando a la novia del “Joker”). ¿Se convertirá en la nueva chica Bond? Ojalá.

El personaje de Samuel L. Jackson es totalmente innecesario, un secundario que lo único que hace es entorpecer la historia, bueno, mejor dicho a Tarzán. Cierto es que le da algún toque de humor, pero poco más, creo que tenían que añadir a algún actor famoso que no fuera principal como forma de promocionar el film para atraer a más espectadores. ¡Y qué decir de Christoph Waltz! Otra vez la misma interpretación, con las mismas caras, gestos, e incluso parece que dice los mismos diálogos. ¡Cada vez que aparecía en escena no daba crédito! Definitivamente el actor está totalmente encasillado. Y lo peor de todo es que le seguirán dando algún Oscar.
En definitiva, dudo mucho que esta secuela de Tarzán se convierta en legendaria, pero como distracción para el verano escapa. Disfrutarás en los momentos de acción ya que algunas escenas están logradas, pero seguramente mires el reloj en los momento de mayor drama. Incluso en más de alguna ocasión llegarás a dudar si si estás viendo Tarzán o El planeta de los simios, pero tranquilos, la puesta en escena de Alexander Skarsgård y Margot Robbie hará que todo sea más llevadero gracias a la buena química entre ambos actores.

Nota: 2,5 de 5
Lo mejor: Alexander Skarsgård y Margot Robbie. Los gorilas y algunas escenas de acción
Lo peor: Guion, uso excesivo de efectos especiales, Samuel L. Jackson y Christoph Waltz. Final precipitado







