Texto: Francisco Javier Torres, Director regional de Renta 4 Banco

En Canarias llevamos años hablando de turistas, aeropuertos y bonos verdes, pero quizá ha llegado el momento de mirar hacia otro asunto, más silencioso, pero igual de determinante: el cambio demográfico y sus consecuencias sobre el empleo y el futuro económico del Archipiélago.

La cuestión no es menor. ¿Quién va a trabajar en nuestras islas dentro de veinte o veinticinco años? ¿Cómo afectará el envejecimiento de la población, la baja natalidad y la llegada de nuevos residentes a nuestro mercado laboral? ¿Les estamos formando para los empleos que vienen o seguimos preparando perfiles para un modelo caducado?

Canarias envejece… y no es una metáfora. Se nos ve como una tierra joven, vibrante y con ritmo caribeño, pero la estadística cuenta otra historia. Casi una de cada cinco personas en Canarias ya tiene más de sesenta y cinco años, y la natalidad lleva años en negativo. Esto no es una tendencia coyuntural: es un giro estructural, profundo, que se percibe en escuelas, hospitales y en las cifras del desempleo.

Y, por si fuera poco, el número de personas en edad de trabajar empieza a reducirse, mientras que la población mayor y dependiente aumenta. El resultado: menos hombros para sostener más peso.

El futuro del trabajo se debate entre la oportunidad y el abismo. Podríamos pensar que el problema es demográfico, pero la cuestión de fondo es económica y estratégica: ¿cómo adaptamos el modelo laboral de estas islas a este nuevo contexto?

El turismo es el mejor motor de nuestra economía. También hay sectores –como la tecnología, la economía azul, la bioeconomía o las energías renovables– que podrían ofrecernos nuevas oportunidades…, pero su desarrollo aún es tímido. Además, tenemos una brecha importante de competencias: faltan perfiles cualificados, especialmente técnicos, sanitarios, ingenieros o programadores. Y al mismo tiempo, muchos jóvenes se van fuera o terminan en empleos que no requieren su nivel de formación.

¿Qué podemos hacer? No se trata de resignarse ni de escribir epitafios económicos. Canarias tiene herramientas, recursos y ventajas. Falta decisión y estrategia. Tal vez, ser capaces de atraer y retener talento joven. 

Recualificar a nuestra población activa, construir una FP pionera que se oriente a sectores emergentes, formación tecnológica y modelos flexibles para adultos y desempleados. Apostar y aprovechar el potencial del conocimiento sénior.

Explorar la economía de los cuidados, no solo como necesidad social, sino como motor económico con empleo estable y local.

Un nuevo contrato generacional… y regional. El cambio demográfico es también una cuestión de justicia intergeneracional. No se trata solo de cuánto gastamos en pensiones o sanidad, sino de si estamos construyendo un sistema en el que los jóvenes se puedan desarrollar en las Islas.

Es una cuestión de autonomía económica regional: reflexionar sobre el futuro del trabajo en Canarias no es una moda ni una consigna, es una necesidad urgente. Y en este futuro, lo queramos o no, todos estamos empleados.