El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que está ligada a la causa sindical y social de las mujeres durante los siglos XIX y XX por la igualdad. Una igualdad que, aunque no es real del todo, ha ido aumentando gracias al trabajo y sacrificio de todas aquellas revolucionarias que lucharon por sus derechos y continúan haciéndolo a día de hoy. Y por eso, a pesar de las adversidades que han tenido en un mundo que aún es desigual, ese mundo cada vez lo es menos gracias a ellas.

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX en Estados Unidos la revolución industrial está experimentando un gran apogeo y uno de los sectores más beneficiados es el textil, pero a costa de la sobreexplotación laboral, sobre todo de las mujeres, quienes sufren jornadas superiores a las diez horas y cuya mano de obra es más barata que la masculina.

Entre 1909 y 1910 comienzan a organizarse huelgas en el sector textil con las demandas de mejorar las condiciones laborales y muchas de estas manifestaciones llegaron a prolongarse hasta 13 semanas. Las peticiones del sector sindical costurero no solo fueron ignoradas por los propietarios de las fábricas textiles, sino que estos, como contramedida, mantenían cerradas las puertas de sus instalaciones para cerciorarse de que las empleadas cumplían con su jornada y, de haber una huelga, no se sumasen a ella. El punto de inflexión en la unión sindical femenina llegó en 1911 con el incendio que se originó en la fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York, en la que trabajaban más de 100 costureras que no pudieron escapar de las llamas por encontrarse encerradas.

Este acontecimiento, junto con las malas condiciones laborales y la desigualdad que sufrían, llevan a exigir por parte del sindicato de costureras estadounidenses una paridad con el salario de los hombres, jornada laboral de diez horas y tiempo para la lactancia.

Ese mismo año tiene lugar en Copenhague un encuentro de carácter internacional en el que se dan cita más de 100 mujeres procedentes de 17 países. En esta reunión se propone conmemorar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Pero el objetivo principal, además de instituir un día en conmemoración de la lucha de las mujeres, pasaba por obtener el reconocimiento de los mismos derechos que los hombres y el sufragio universal femenino.

No obstante, según apuntó la investigadora española Ana Isabel Álvarez en su trabajo Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1945, la atribución del 8 de marzo se debe realmente a la revolución de las mujeres rusas, unos hechos que corresponden a tal fecha, y que las Naciones Unidas desligó y atribuyó íntegro a la reunión de Copenhague.

Independientemente de la fecha, muchas fueron las mujeres que lucharon a lo largo del siglo XX por la igualdad y por obtener una paridad de derechos con los hombres. Además, diferentes países reconocieron paulatinamente los derechos de la mujer gracias a las corrientes feministas. En Canarias, por ejemplo, se encuentra la escritora feminista Mercedes Pinto, todo un ejemplo de mujer transgresora que defendió el derecho de las mujeres a divorciarse y desligarse de la figura masculina. Se vio obligada a exiliarse por culpa de la dictadura de Primo de Rivera tras pronunciar en 1923 en la Universidad Central de Madrid su discurso “El divorcio como medida higiénica”.

En la actualidad los datos sobre la desigualdad entre hombres y mujeres señalan una mejora con respecto a épocas pasadas. Aun así, las mujeres siguen presentando un 3,52 % más de pobreza a nivel global que los hombres, y la diferencia salarial puede llegar hasta un 14,1 % menos en ingresos para las mujeres, según datos ofrecidos por el Instituto Canario de Igualdad en un informe del año 2019. Sin embargo, aunque todavía queda mucho por hacer, ellas han sido las que han marcado el camino durante los dos últimos siglos, que siga siendo así.