Por Carlos Fuentes

Fotografías por Schooner Ernestina Morrissey Association

Con el viento en las velas y las maletas repletas de ilusiones para buscar una vida mejor, miles de hombres y mujeres de Cabo Verde se jugaron todo a la carta de la emigración desde mediados del siglo pasado. Actor principal y testigo directo de estos viajes fue el barco Ernestina, un velero de cuya botadura se cumplen ahora 125 años: tuvo lugar el 1 de febrero de 1894 en Estados Unidos. Años después de su primera travesía y cumplida su etapa como buque pionero de la investigación pesquera en el Ártico, el barco fue comprado por un empresario caboverdiano para dedicarlo a viajes del éxodo migratorio entre las costas africanas y Estados Unidos.

La historia del Ernestina refleja como pocos barcos la emigración desde las diez islas del archipiélago de Cabo Verde a las prosperas ciudades de la costa este de Estados Unidos. Fue construido en los astilleros de Gloucester (Massachusetts), donde en 1894 fue bautizado como Effie M. Morrissey para dedicarse a la búsqueda de grandes bancos de peces en aguas árticas, después al transporte de mercancía en los duros años de la Segunda Guerra Mundial y, ya en la segunda mitad del siglo pasado, al transporte de pasajeros entre África y América del Norte. Se considera que fue el último velero que llevó emigrantes a Estados Unidos antes de que el éxodo de ciudadanos europeos, africanos y asiáticos accediera al amplio mundo de oportunidades que abrió la aviación comercial.

Fue en 1947, tras sufrir un incendio que dejó dañado el barco, de 47 metros de eslora, cuando el capitán caboverdiano Henrique Mendes compró el velero para dedicarlo a los viajes de la emigración. Lo rebautizó Ernestina en homenaje a su hija y hasta 1965 realizó decenas de viajes desde los puertos de Praia y Mindelo, los dos principales de Cabo Verde, hasta la región norteamericana de Nueva Inglaterra. Los primeros viajes fueron comandados por el propio Mendes, pero otros nombres importantes en la historia del Ernestina fueron Ricardo Lima Barros, Joao Baptista, Arnaldo Mendes y Valentín Lucas, que han pasado a la historia de Cabo Verde gracias a la labor de documentación del marinero Traudi Coli.

Retirado de las travesías transatlánticas, la historia del Ernestina no se detuvo. Hasta 1972, el velero fue utilizado para viajes de cabotaje entre las islas de Cabo Verde. Cuatro años después, ya en 1976, los organizadores del bicentenario del encuentro de barcos en la costa este de Estados Unidos escribieron al presidente de la recién nacida República de Cabo Verde para solicitar el envío del Ernestina. El presidente Aristides Pereira dio su visto bueno y el 11 de junio de 1976 el velero emprendió el viaje desde el puerto de Mindelo. Pero no fue una travesía fácil: el barco sufrió una avería de gravedad cerca de la costa americana y un intento de remolque se saldó con daños severos en el velero. Su reparación llevó seis años de trabajo y una alta inversión que fue sufragada en parte por varios emigrantes caboverdianos y el propio Gobierno del país africano.

El último viaje del Ernestina tuvo lugar en 1978, cuando Cabo Verde regaló el barco al pueblo de Estados Unidos como símbolo de las relaciones fructíferas con los emigrantes del archipiélago.

Desde entonces está atracado en el antiguo muelle ballenero de New Bedford, donde está abierto a las visitas de quienes quieran conocer esta historia emocionante del velero que ayudó a hermanar a dos países, dos pueblos, tan dispares como los Estados Unidos de América y la República de Cabo Verde. En las islas, no obstante, este capítulo histórico se guarda cada día en los bolsillos de isleños y visitantes: su estampa marinera, con las velas a todo trapo, ilustra una de las caras del billete de doscientos escudos caboverdianos.