Por Eloy Vera. Fotografías por Santylog

Su primer instrumento lo tocó con tres años y fue una lata de galletas. Su afán por la música le llevaba a estar todo el día buscando trastos que produjeran sonidos. Hasta una mesa le servía para sacar compases a pesar de que su abuela le amenazaba con que estaba llamando al diablo. Al final, el diablo nunca llegó, pero sí maestros como Esteban Ramírez, hijo del histórico folclorista, que le fueron dando las primeras instrucciones en el mundo de la música. Tocó clarinete, piano, recibió clases de solfeo…, pero “mi chiquillo desde los cuatro años siempre fue el timple”. Y ese hijo se hizo mayor y empezó a recorrer junto a Althay escenarios de medio mundo. Ha trabajado junto a Mestisay, Domingo Rodríguez el Colorao, Taburiente, José Manuel Ramos… Asegura que vive gracias a la música, “pero no lo considero un trabajo”.

Triquivijate. Althay Páez su recorrido por Fuerteventura haciendo una primera parada en la Rosa del Taro, en Triquivijate. En esta llanura del interior majorero encuentra la tranquilidad suficiente para aislarse del día a día, que transcurre entre clases, actuaciones y aviones que le llevan de un lado para otro. En la Rosa del Taro pasa las horas contemplando una pequeña charca con agua, cuando la naturaleza es solidaria con la Isla, y con la única compañía de unos patos salvajes. Allí, el timplista sustituye el sonido de su timple por el de las cañas que mueve el viento.

Betancuria. Althay parte de la Rosa del Taro en dirección a la primera capital de Fuerteventura, Betancuria. Tras detenerse en su casco histórico, parte a Vega de Río Palmas. Cuando el tiempo acompaña, se echa a andar por un sendero que le llevará hasta Las Peñitas. En sus ratos libres, siempre busca toparse con la naturaleza. Reconoce que con tierra, agua, cielo y tranquilidad es feliz, y eso es lo que encuentra en Las Peñitas. En parajes como este se prepara para acoger con entusiasmo su primer trabajo en solitario. Verá la luz el próximo abril y llevará por título Sostiene Pereira, producido por Julio Pereira y Manolo González (Mestisay).

Playa Blanca. Desde el avión que le trae a casa después de algún concierto el timplista suele buscar el mar de Playa Blanca. Es “su sitio, su casa”. El mar también le recuerda su infancia, cuando compartía las horas de timple con clases de vela y optimist. Hasta Playa Blanca solía ir Unamuno en busca de soledad cuando fue desterrado a Fuerteventura en 1924. Hasta allí también va Althay buscando soledad. En 2006, viviendo en Gran Canaria, compuso el tema El mar, inspirado en el de Fuerteventura, pero sobre todo en el pequeño trozo de mar de Playa Blanca.