Por Sylvia Madero

Fotografía por Aarón S.Ramos

Ilustración por Carlos Miranda

De Diego Navarro podría decirse sin temor a equívoco que es una de las mentes más brillantes que ha visto nacer el Archipiélago. Estrenó su primera obra en concierto a los 13 años (antes ya había creado otras tantas, pero no había salido ninguna a la luz hasta ese momento), dirigió su primer concierto a los 21 y actualmente compagina su imparable carrera como compositor y director de orquesta con la dirección del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (Fimucité).

De aspecto impoluto, me recibe en un concurrido café. Sobre la mesa su inseparable portátil, pulcro y perfectamente alineado con mi grabadora, que no duda en colocar para que todo esté en sintonía. Es meticuloso al hablar, y gesticula apasionado como dirigiendo una batuta invisible, abstrayendo a quien le escucha.

¿Qué impresiones le deja una nueva edición, y ya van 12, de la que es ya cita indispensable en la agenda cultural de las Islas?

Estoy feliz. Después de un año de trabajo muy intenso puedo constatar que ha sido un éxito increíble de público y crítica. La edición más grande de la historia del festival, con mayor número de conciertos, actividades paralelas, público… Para mí era muy especial porque suponía un salto gigantesco con el histórico concierto Live to picture de Encuentros en la tercera fase. El ser plenamente consciente de que estás organizando un proyecto nuevo en esta tierra, algo que nunca jamás se había visto en Canarias y que, de esta manera, se está empezando a escribir una página nueva en la historia cultural de estas islas… Se te dibuja una sonrisa que no es de este mundo (y su exultante rostro lo demuestra).

Aunque a nivel internacional no era la primera vez, este Live to picture de Encuentros en la tercera fase es un proyecto pionero en España.

Es una forma de experimentar de verdad la música y el cine, viendo la película con su partitura interpretada en directo, sincronizada a la perfección con las imágenes mientras el film es proyectado. ¿Por qué Encuentros? Es una de mis películas favoritas; a mi modo de ver, tiene el mejor inicio y final de la historia del cine y a nivel artístico y técnico representaba un reto gigantesco, y a mí me gustan esos retos, no me conformo con cualquier cosa. La partitura es una obra maestra de mi autor preferido, John Williams, del que más he aprendido en mi faceta como compositor de música para la imagen y, además, la película está dirigida por Steven Spielberg, mi director fetiche, ¿qué más se puede pedir? Aparte, por algo que no había hecho público hasta este año: yo mismo he tenido tres experiencias, pero eso es otra historia (se ríe).

¿Es Fimucité una plataforma de proyección del talento canario fuera de las Islas?

Absolutamente. Soy un artista canario y soy perfectamente consciente de lo que me ha costado hacer lo que hago ahora mismo. Es un deber ético y artístico que el festival sea una plataforma y un amplificador del talento, por eso siempre en todos nuestros proyectos artísticos buscamos talento local.

Un festival que surge en un periodo duro, pero que ha sabido mantenerse fiel a sus principios a pesar de que los medios disminuyeran… ¿Cómo se logra eso?

Nace en el peor momento en que podía nacer: cuando arranca la crisis. Una de nuestras obsesiones ha sido siempre que el público no lo notara y, de hecho, desde la primera edición la oferta ha ido in crescendo, en progresión geométrica. Teniendo a nivel interno unos problemas muy complicados en su momento, nuestro público lo único que ha recibido desde el primer día es lo mejor. Afortunadamente contamos con apoyos institucionales sin los que el festival no se sostendría. Muy importantes son también los sponsors privados y colaboradores, que han ido aumentando a lo largo de los años. También los ingresos de taquilla son esenciales para la sostenibilidad del evento. El festival cada año supone un riesgo económico muy grande para nosotros, pero aun así lo asumimos. Imagínate la magia que tiene que generarte un proyecto como este para llegar hasta este punto.

¿Cómo logra compaginar su dirección con su carrera como compositor?

Ni yo mismo lo sé. Otros eventos a nivel internacional que han surgido tras Fimucité (Cracovia, Praga, Viena…) cuentan con un director artístico y un director o directores de orquesta que luego dirigen los conciertos. En mi caso las dos figuras se integran en una misma persona, y esto no sucede en ningún otro evento del género… Hacer de anfitrión con invitados, coordinar al equipo, mantener reuniones de diversa índole, dirigir los ensayos con la orquesta, con los coros, cuidar a la prensa, etc. El grado de inversión personal, emocional y físico es titánico. Tardo semanas en recuperarme después, pero compensa. Cuando ves la cara de toda nuestra audiencia, cuando se pone de pie y el público no para de aplaudir, eres consciente de la magia que esto genera y es algo que no puedo definir con palabras, hay que vivirlo. Tengo claro que mi carrera de compositor es lo primero y en ocasiones he tenido que elegir, como este año. Renuncié por primera vez a Cracovia (Diego es director invitado habitual de este prestigioso festival y goza de estatus de estrella en Polonia) porque estaba escribiendo la banda sonora de El fotógrafo de Mauthausen, un proyecto del que estoy realmente orgulloso; poner música a un capítulo tan importante de la historia ha sido un viaje realmente increíble e intenso.

¿Diría que está en su mejor momento?

(Desliza su mirada pensativa hacia la ventana, y contesta tras una larga pausa). Estoy próximo, pero siento que me queda muchísimo aún por dar. Y por escribir. Preferiría decir que estoy viviendo un momento dulce. Ya tengo un nombre internacional y estoy recogiendo esos frutos que he ido sembrando tras años de dedicación en mis tres facetas, como compositor, director de orquesta y gestor cultural con Fimucité.

Porque Diego Navarro es el resultado de un largo camino, que empezó a andar solo…

Diego Navarro es un conglomerado de muros que ha debido saltar… El primero fue la falta de apoyo en casa cuando era niño. Desde que tengo memoria escucho música en mi cabeza, y en mi familia había mucho miedo porque no supieron gestionar un caso concreto de superdotación musical en el terreno creativo. Tampoco existía la información suficiente a nivel psicopedagógico para fomentar esas habilidades, este chip musical con el que nací, y a eso había que sumarle la incertidumbre del artista, y más en un territorio como Canarias…, ¿qué futuro me esperaba? Ahora que soy padre puedo entender muchas cosas. Fui completamente autodidacta de niño hasta que, de forma más tardía, pude acceder a la formación reglada. Nunca olvidaré una frase que me dijo mi padre poco antes de dejarnos (titubea): “Diego, si quieres dedicarte a esto tienes que ser el número uno”. Además de marcarme para siempre, fue un baño de responsabilidad enorme a la hora de luchar por lo que quería: vivir de mi música.

¿Sigue escuchándola en su cabeza todo el tiempo?

¡Veinticuatro horas no, pero quince puede!… (sonríe). Es un fenómeno que forma parte de mí y al que, tras muchos años, he conseguido acostumbrarme. Al principio no, de niño no entiendes nada y te preguntas muchas cosas, eres incapaz de procesarlo y entenderlo… Con el paso de los años entiendes que forma parte de ti. Que surge de manera espontánea y aleatoria, aunque cuando estoy en pleno proceso creativo escribiendo, el torrente es tremendo. Ahí es cuando el nivel de abstracción es inmenso y cuando tu cabeza prioriza. De ahí tantos despistes a todos los niveles, sobre todo domésticos… Es mi sino, una “maravillosa condenación”.