Por Juan Manuel Torres Vera

En un sueño real, sobrevuelo la isla de La Gomera, cerca del roque de Los Órganos, al norte. Sentado sobre un tronco de peral, en el fondo del barranco de Los Guanches, escucho el ruido de motores de un avión que hace la ruta todos los días a la misma hora, rumbo a El Hierro. Abuela vestida de negro con un pañuelo a la cabeza arranca hinojos y tederas para llevar a las cabras en el valle. Un racimo de peras coscúas lo tengo a mi alcance, ya están hinchonas en estas fechas, saboreo una con gusto antiguo mirando al cielo y como referencia terrestre los lomos de Chijeré, allá enfrente. La intensidad del sonido del avión se va apagando junto a su silueta y entro en un profundo silencio con el regreso de abuela de no sé qué parte del tiempo, escuchando los latidos del corazón. La emoción de su regreso en el recuerdo me traspone a un encuentro en el que una ráfaga de viento con sabor a mar despierta el sueño de la isla en la memoria de otros cielos.