Por David Lorenzo

Con este nombre es conocido el último emperador romano que fue abiertamente seguidor del paganismo o religiones no cristianas politeístas (que creían en varios dioses). Era sobrino de Constantino I el Grande, el primer emperador abiertamente cristiano de la historia y quien la convirtió en la religión oficial del imperio.

El joven Juliano no había nacido para ser emperador pero las circunstancias le convirtieron en uno. Debido a las purgas hechas por el propio Constantino en su familia durante el 337 solamente él y su hermano, Galo, lograron sobrevivir. Lo lograron por suerte. Ambos se vieron obligados a exiliarse y a vivir escondidos para evitar la furia de su tío.

Paradójicamente Constantino logró evitar así que ningún familiar suyo lo asesinara para ocupar el cargo de emperador. Pero no consiguió que tras su fallecimiento Juliano se convirtiese en emperador. Fue su primo Constancio II quien lo nombró césar del Imperio Romano de Oriente en 355, de forma que en caso de que este muriese Juliano ocuparía el cargo.

Ya en el momento que su primo lo nombró césar ya era pagano. Sin embargo, para evitar conflictos con su primo fingió ser cristiano. Constancio le solicitó una campaña algo complicada, la de combatir a los soldados bárbaros del norte de Europa. A pesar de que todo parecía indicar que el emperador mandaba a Juliano a una muerte segura éste demostró ser un buen militar.

Fue logrando gran popularidad poco a poco en los círculos militares. Tanto que no tardó en hacerle frente a su primo por el poder. Solo seis años después de convertirse en César, en el 361, Juliano le declaró la guerra a Constancio. Sin embargo no hubo finalmente un enfrentamiento entre ellos, ya que el emperador murió de forma repentina antes de que tuviese lugar.

De esta forma Juliano se convirtió en emperador del Imperio Romano de Oriente. No tardó en ir a Constantinopla para ocupar el trono que le pertenecía. No tardó en tomar represalias. Pronto, en los llamados juicios de Calcedonia, hizo que prácticamente todos los consejeros de Constancio fueran condenados a muerte.

Además dejó de fingir y abrazó oficialmente el paganismo como su religión oficial y con ello de todo el Imperio. Esta actuación no tardó en traerle problemas graves. Zonas del imperio, totalmente cristianas empezaron a ver a Juliano como un peligro para la religión. Tomó medidas muy radicales, como prohibir la lectura de libros sagrados en clases de gramática y retórica.

Otras de las acciones menos populares de Juliano fue la de expulsar obispos que criticasen sus actos o que confiscara bienes de la iglesia. Los motines fueron cada vez más comunes por todo el imperio oriental y empezó a observarse cierta radicalización religiosa. El fin de Juliano tuvo lugar durante una batalla contra los persas. Durante la lucha sufrió un ataque con una jabalina (en otros escritos una flecha), que le hirió de muerte.

Para algunos historiadores esto no está más que basado en una leyenda creada tras su muerte. De él dicen que era un magnifico gestor y que logró mejorar la situación de las arcas romanas. No hay que olvidar que también era un magnífico militar. Hay historiadores que afirman que Juliano, lejos de perseguir al cristianismo lo que hizo fue permitir otras religiones, acabar con la oficialidad del cristianismo en el Estado. Pero por su acto pagó un precio muy alto.

Se afirma que la jabalina o flecha que supuso la muerte del emperador fue lanzada por un soldado persa. Pero algunos otros han afirmado que fueron sus propios soldados los que le hirieron, seguramente cristianos. El cristianismo establece que fue una acción divina de San Mercurio. Así acabó el reinado del emperador Juliano el Apóstata, el último pagano y que duró en el trono solamente dos años.

Para saber más:

  • Gore Vidal, Eugene (2012) Juliano el Apóstata. Barcelona: EDHASA
  • Vélez de Guevara, Luis (2016) Juliano Apóstata. Newark: Juan de la Cuesta