Por Carlos Fuentes

Superhéroe del rock, quizá el mejor guitarrista de todos los tiempos, Jimi Hendrix no pasaba por un buen momento en 1969. La fama amenazaba con devorar a la persona. Ese verano se escapó al sur de Marruecos, a la añeja ciudad atlántica de Esauira. Buscando un lugar donde echar un cable a tierra. En la vecina aldea de Diabat todavía se acuerdan de él.

Como en una novela, las cosas se empezaron a torcer en la primavera de 1969. El 3 de mayo el músico fue detenido en el aeropuerto de Toronto con una bolsa de heroína oculta en su equipaje. Al final fue declarado no culpable, pero el escándalo dejó tocado al guitarrista y regaló para la historia sus famosas fotos de la ficha policial. Alguna de ellas está colgada en las paredes viejas del Café Hendrix, el único local de la ciudad marroquí Esauira que reivindica la memoria de la visita que el músico de Seattle hizo a Marruecos en el verano de 1969.

En realidad, el recuerdo de Jimi Hendrix no luce en el centro de Esauira, en esa medina acogedora y familiar. Para encontrarse con el espíritu del guitarrista hay que acercarse hasta Diabat, un pequeño pueblo de casas pespuntadas al borde de la carretera. Desde Esauira solo son cinco kilómetros, algo más a pie si se atraviesa la playa y se sube hasta Diabat por el cauce de río El Kassab.

Tierra seca la de Diabat, apenas los huertos familiares decoran un ambiente como de tiempo detenido. Es una paradoja que medio siglo después, el único destello de color siga siendo Jimi Hendrix. Su cara, su melena, su guitarra y, sobre todo, su nombre adornan las paredes azules del café en esta carretera polvorienta. Sirven té a la menta y galletas saladas, nada del otro mundo, pero el aspecto de santuario profano del guitarrista devuelve el precio de la infusión.

Monte abajo sobreviven las ruinas de un castillo. Una de las leyendas que se cuentan sobre la semana de Jimi Hendrix en Marruecos (en realidad llegó en avión por Casablanca y solo visitó Esauira) es que allí se inspiró para escribir Castles made of sand. Pero la realidad es otra: la canción se publicó en 1967.

Del verano del 69 se acuerda, o eso dice, Said Mouani. Tiene 55 años y no hacen falta muchas preguntas. Él empieza a hablar de lo que recuerda como “la tarde que los hippies vinieron a Diabat”. Y se explica: “Llegaron por la tarde, Jimi Hendrix era uno y se sentaron alrededor de una hoguera, fue justo aquí, en una plaza por encima de la mezquita”. Hoy lo único que funciona en el barrio es un rancho que alquila caballos para las excursiones de los turistas. Said Mouani remata la jugada, sus recuerdos de quince años. “No fueron ningún problema, cuando se hizo de noche bajaron a la playa y nunca los volví a ver”.

Jimi Hendrix no durmió en la playa, ese es otro mito. Alquiló una habitación en el Hotel des Îles, a las puertas de la medina de Esauira. Con un jardín todavía espléndido y balcones colgados sobre la bahía de Mogador. Tampoco parece que el tiempo haya pasado por aquí. Antiguo pero coqueto, el hotel ya había alojado a Orson Welles durante el rodaje de la película Othello en 1948. En la recepción, Hassan apenas recuerda lo que le han contado los más veteranos del establecimiento. “Jimi Hendrix se pasaba todos los mediodías en la piscina, con sus amigos bebiendo en la piscina, decía que no le gustaban las horas de calor. Por las noches nadie le veía, a veces se iba a dormir a casas de amigos”.

Otra leyenda, quizás cierta, asegura que Jimi Hendrix llegó a Marruecos con dos mil dólares en los bolsillos. Cincuenta años después, por bastante menos (2.500 dirhams, 225 euros) se puede pasar una noche en el hotel donde el guitarrista más famoso de la historia del rock durmió en Esauira.