Por David Lorenzo

Hoy en día sigue siendo común ver por toda Canarias la celebración del Corpus Christi. Este evento, puramente católico tiene el objetivo de poner en valor ante los creyentes que Jesucristo está representado en la eucaristía a través del Santísimo Sacramento. Aunque algunas ramas del cristianismo rompieron con esta idea tras la reforma protestante, ya desde la Edad Media muchos católicos ya dudaban de la efectividad divina de la eucaristía.

Preferentemente a causa de las dudas de muchos sobre la presencia de Jesús durante la celebración de la comunión es por lo que la iglesia católica decidió darle una importancia capital al Corpus Christi. Esta consiste en una procesión con una custodia en la que en la parte central se encuentra una ostia, que representa la carne de Cristo.

El Corpus Christi se encuentra presente en Canarias desde la misma conquista. No se sabe con seguridad en el caso de las islas  de señorío (las conquistadas por nobles).). Pero en las tres restantes, las de realengo (las ocupadas en nombre de los reyes castellanos), sí que existen evidencias escritas de que se celebró el Corpus Christi en los Campamentos Reales (o reales). Esto la convierte posiblemente en la primera fiesta que se realizó en Canarias.

Dicho evento ya gozaba de importancia en Castilla desde la Edad Media. Sin embargo es realmente durante el siglo XVI, a causa de la llamada contrarreforma católica, cuando el Corpus Christi se convierte en una de las fiestas más importantes de la religión católica. Con ello se intentaba demostrar el poder de la iglesia de Roma frente a los protestantes.

Para las clases sociales más destacadas en Canarias la procesión del Corpus Christi, era uno de los momentos más destacados para demostrar su posición social. En este tipo de eventos (como en la actualidad) el protocolo era (y es) muy importante. En una sociedad jerarquizada como la del Antiguo Régimen servía claramente para mantener la división social en estamentos.

Los miembros de la oligarquía canaria (religiosa, civil y/o económica) ocupaban un espacio predominante en la procesión del Corpus Christi. Además aprovechaban este tipo de eventos para llevar sus mejores galas, en ostentación del poder que tenían frente a los demás.

Como no podía ser de otra manera los que presidían la procesión eran los miembros de la iglesia. Estos llevaban un orden muy riguroso que en ocasiones intentó cambiarse. Se intentaba con estos cambios demostrar qué partes del clero eran los más representativos en la sociedad.

Tan importante como la procesión era la decoración de las calles. Estas debían estar prefectamente limpias (en la medida que se podía). Las casas debían estar decoradas en sus balcones y ventanas y debían hacerse alfombras para el paso de la procesión. Los encargados de este tipo de actos solían ser campesinos que iban a las principales ciudades canarias a realizar las alfombras con diferente vegetación traída de los montes.

No se escatimaba en gastos en la fiesta del Corpus Christi. La decoración de las calles tenía una importancia capital entre los miembros del clero (iglesia).

Durante los siglos XVI y XVII se fomentaron en las islas la representación de obras teatrales, danzas y desfiles populares para celebrar el Corpus Christi. ¡Incluso corridas de toros! (llamadas toras). El objetivo fundamental de esto era el de que la población pudiese participar en este evento, cuyo fin era el de integrar a todos en el catolicismo. Es por ello por lo que es común que sacerdotes e incluso obispos fomentaran este tipo de eventos populares.

Pero a partir del siglo XVIII una de las principales luchas de la iglesia fue la de acabar con cualquier costumbre pagana. El Corpus Christi era considerada una fiesta popular y por este motivo empezaron a aparecer eventos que no eran propios del catolicismo: eran habituales las danzas, obras teatrales, los desfiles de gigantes y cabezudos (papahuevos), etc.

También habían eventos paganos practicados  por la nobleza y oligarquìa canaria. El más popular entre ellos era el juego de las cañas. Este era muy parecido a las justas medievales. Debía estar el noble montado a caballo y una lanza o caña. La diferencia con las justas era que en vez de colpearse con ella lo que hacían eran tirársela al oponente, que debía pararlas con su escudo.

Fue muy complicado acabar con este tipo de eventos paganos en las fiestas del Corpus. Sin embargo finalmente se consiguió, al menos en el caso de Canarias, acabar con estas costumbres “tan molestas”. El golpe definitivo a estos eventos se produjo tras la aprobación de la Real Cédula de 20 de febrero de 1777.

A pesar de ellos hasta el siglo XIX se mantuvieron en muchas ciudades del archpiélago los actos paganos. Este tipo  de festividades, sin embargo, no desaparecieron y sigen preexistiendo en otras fiestas tradicionales. Gracias a esto algunos de este tipo de danzas, desfiles, etc., se conservan en las islas en la actualidad.

El Corpus Christi acababa una vez se celebrara uno de los eventos más importantes. Este era la octava. La importancia radicaba en el simbolismo de este número. Fue el octavo día de la entrada de Jesús a Jerusalén cuando resucitó. Además era el último día de las fiestas del Corpus. En este momento se realizaban algunos festejos. En la liturgia lo más común era quemar velas de cera en nombre de Dios. La población celebrara el final de las fiestas con fuegos artificiales durante la noche y con las últimas procesiones.

Sin duda el Corpus Christi es una fiesta con enorme simbolismo para el catolicismo y para Canarias. Con él se celebraba el triunfo de Cristo a través de su resurrección constante a través de la eucaristía. Pero también era una oda a la naturaleza y a la fertilidad de la tierra. Una de las fiestas mas importantes para el catolicismo y la mas antigua celebrada en Canarias.

Para saber más:

  • Hernández González, Manuel (2013) El Corpus Christi en Canarias. Las Palmas de Gran Canaria: Asociación Cultural Bienmesabe