Por Sixto Javier Pérez

Encontrarnos con una película de animación repleta de sencillez,  afecto y grandes valores es muy difícil hoy en día. La Tortuga roja no se cobija en una trama compleja o en un dibujo muy elaborado. Aquí  todo es sencillo y simple, pero no por ello deja de ser una gran historia capaz de emocionar.

Esta era la única película que me faltaba por ver de las nominadas a los Oscar 2016 y me arrepiento muchísimo de no haberla visto antes, ya que, sin duda, es la mejor película de animación del año. A pesar de que Zootrópolis fuera la vencedora, creo que la justa ganadora era La tortuga roja. Una película sencilla y minimalista donde lo que importa no es la estética del dibujo, sino el mensaje que nos intenta transmitir. Acostumbrados a la animación de Pixar, esta película intenta romper moldes. ¡Y vaya que si lo consigue!

Nos cuenta la historia de un náufrago que vive en una isla tropical poblada por tortugas, cangrejos y aves. En completa soledad, el protagonista pronto conocerá los contornos de esa isla, y sacará todas las fuerzas necesarias para aprender a construir una balsa y así poder huir. Pero todos sus intentos de huída se verán frustrados por la misteriosa intervención de una gigantesca tortuga que destruye sus embarcaciones.

Este maravilloso cuento nos llega de la mano de los estudios Ghibli en colaboración, por primera vez, con una productora francesa. Dirigida por Michael Dudok de Wit, responsable del corto Padre e hija,  ganador del Oscar al Mejor Cortometraje de Animación en 2001.

El director utiliza la animación tradicional con muchísimo cuidado en los detalles, consiguiendo transmitir gran realismo. Los bellísimos fondos en los que los personajes viven esta maravillosa historia consiguieron dejarme sin pestañear. No hacen falta grandes efectos especiales para creernos lo que vemos, para hacernos soñar de esta manera, para emocionarnos…

Pero aquí no queda la cosa. La película no tiene diálogos, por lo que todo el peso recae en la imagen, en los sonidos naturales  del lugar y en la música. Pocas películas consiguen transmitir tantas emociones a través de tanta sencillez. Se trata de un claro ejemplo que nos demuestra que, a veces, sobran las palabras para contarnos una bonita historia.

Pero rápidamente te das cuenta que el apartado técnico no es lo único destacable en la película. La historia esconde una preciosa fábula sobre el ciclo de la vida, el amor y la relación con la naturaleza. La película también te hace reflexionar sobre la importancia de enfrentarte a los problemas, a no huir de ellos. Realmente tiene muchas más interpretaciones, pero para mí, los aspectos más destacables, son los que he señalado.

A pesar de su ritmo tranquilo, no dejan de suceder cosas, por lo que es muy difícil que te aburras. Es impresionante la capacidad de su director en conseguir que el espectador se pregunte en todo momento “qué es lo que sucederá”, y lo que es mejor: consigue sorprendernos ya que de predecible no tiene nada.

En definitiva, una auténtica joya de la animación. Esta obra sin diálogos deja que el espectador entienda la película a su manera, porque, como ya he dicho, puede ser interpretada de muchas formas. Una película que visualmente te atrapa y que junto a una espectacular banda sonora lograrán emocionarte. Pocas películas, muy pocas, consiguen transmitir tanto. La tortuga roja te hará soñar, e incluso te hará valorar y reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestro entorno. Un precioso recorrido a lo largo nuestras vidas que nos muestra de forma poética las experiencias y sentimientos que el ser humano experimenta. Sin duda, una película para ver con la persona a la que más quieres.

NOTA: 5 de 5

LO MEJOR: visualmente una maravilla, la historia, los valores que transmite, su banda sonora. ¡Todo es perfecto!

LO PEOR: que muchos no la vean por no tener diálogos.