Por David Lorenzo

También conocida como Guerra Grande, la Guerra de los Diez Años marcó el comienzo de la independencia cubana. Entre 1868 y 1878 los revolucionarios cubanos, aunque no lograron la secesión, sí que tuvieron éxito en la expansión de la idea de libertad de la colonia de España.

El conflicto estalló con el conocido como Grito de Yara. En él Carlos Manuel Céspedes dio a conocer el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, donde presentaba los principios de la independencia. En él se dejaba claro que la guerra buscaba como objetivo acabar con el colonialismo español en la isla, con la esclavitud y que supusiera la liberación nacional.

Cuba fue uno de los países que decidió no independizarse a comienzos del siglo XIX. Uno de los motivos precisamente era el esclavismo. El que los esclavos fueran mayoritarios en Cuba hacía dudar sobre una independencia estable. Se temía que pudiese haber una revuelta aprovechando el nuevo gobierno independiente. De manera que se consideró mejor mantenerse fiel a la corona española.

Pero este idea se fue disipando en los siguientes 50 años. Lo que más lo motivo no fue solo la pérdida del miedo a una revolución de esclavos sino a la resistencia de España a darle autonomía a Cuba. No solo no podían tener un gobierno insular. Tampoco se les permitía formar parte de las cámaras españolas.

El descontento de los cubanos se veía agravado con una crisis económica que estaba arrastrando Cuba desde hacía algunos años antes de la Guerra de los Diez Años. En primer lugar los grandes terratenientes creían necesario acabar con la esclavitud (frente a la negación del gobierno español). Se consideraba que esto estaba lastrando la economía de la isla. También estaba la crisis económica mundial.

Otro factor que también estaba limitando el crecimiento económico de Cuba era la falta de inversión estatal en la colonia. La inestabilidad política en la Península estaba haciendo que se gastaran grandes cantidades de dinero que debía ser reinvertido en la Perla de las Antillas. Sin embargo se perdía en guerras y en la corrupción política de la época.

El Grito de Yara no fue más que el estallido definitivo. Del malestar que presentaban los cubanos en los social, político y económico como acabamos de ver. Con la independencia lo que se buscaba era superar todos estos escollos. La Guerra de los Diez Años era la oportunidad para alcanzar la secesión.

Finalmente la guerra acaba cuando se firma la Paz o Pacto del Zanjón. Los independentistas no tuvieron más remedio que aceptar las condiciones impuestas por España en este tratado. Se firmó a pesar de que no se garantizaba ni uno solo de los objetivos que se había marcado la revolución años antes.

La Guerra de los Diez Años tuvo un enorme coste para España. El número de regimientos y armas que se tuvo que enviar a la isla hizo que la deuda del país se incrementara bastante. La estrategia usada por los militares españoles no pudo ser más atroz para acabar con el conflicto. Se utilizó la técnica de la tierra quemada, consistente en destruir todos los recursos para evitar que el enemigo los use cuando conquista un lugar.

Por otro lado España, con el fin de mitigar la expansión del independentismo, se enviaron durante varios años a miles de españoles para establecerse en varias partes de la isla. Con ello se intentaba que, en caso de una segunda guerra, se presentara cierta resistencia por estar más relacionados con la cultura y política española.

A pesar de los intentos del gobierno español nada pudo evitar lo inevitable. La paz duró apenas diecisiete años y finalmente los cubanos lograron su anhelada independencia tres años después. Sin duda la Guerra de los Diez Años fue clave para esta victoria, a pesar de que los independentistas no lograran su objetivo en un comienzo.

Para saber más:

  • Alcázar Segura, Agustín (2016) La Guerra de los Diez Años: La Primera Guerra de Cuba. Createspace Independent Publishing Platform
  • Ibarra Martínez, Francisco (1976) Cronología de la Guerra de los Diez Años. La Habana: instituto Cubano del Libro